Por Alexander Giraldo

Es preciso liberarse y buscar aquél vacío que una vez ocupamos. El destino ¿lo forjamos o lo seguimos?. Todos buscamos nuestro destino, bien sea creándolo o simplemente avanzando en el camino. La elección es la clave de los seres humanos.

Decidir o abstenerse de elegir. Ambas ideas se retratan en la película. Los personajes avanzan, bien porque lo eligen o bien porque se someten a la elección de alguien más.

Es mi segunda película y si en la primera quise desarrollar más un sentido de la trama y de la estructura narrativa, en esta segunda oportunidad mi interés fue el del tema. Indagar cinematográficamente en el destino, en la nostalgia, en el vacío que se busca llenar.

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Desde el momento en que llegamos a esta vida, el tiempo nos gobierna, lo medimos, lo señalamos, pero no podemos vencerlo, ni siquiera hacerle ir más aprisa, ni más despacio… o ¿si podemos? ¿No hemos experimentado todos la sensación de que los momentos preciosos pasan demasiado aprisa, y deseado que duraran más, o se ha parado el tiempo en un día gris y hemos deseado que corriera más?

Me encontré con personas cercanas a las que esa sensación de perder el tiempo y gracias a ello sus destinos cambiaron. Se encerraron en la sensación de pérdida y dejaron que todo se les fuera de sus manos. Sensación común a todos los seres humanos pero que hemos logrado maquillar y nunca dejar ver.

La película intenta mostrar aquello que ocultamos, la desazón de la frustración. La nostalgia por lo perdido y lo deseado.

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Tal vez pase como a Diego, que tras 35 años en la cárcel y con 71 años, ya no valga la pena un nuevo chance. Pero él encontrará una razón para aprender sobre peces, para re encontrase con la amistad perdida. Igual que al Luis de esta historia, un narrador de historias para su madre que sufre gracias a un alzhéimer avanzado. Un Luis que, cuando todo va mal, siempre encuentra una forma para convertirlo en magia. Jesús y Laura son una respuesta a aquella constante de avanzar sin saber qué buscar, pero llegar al punto de encontrarlo y no dejarlo ir nunca más. Laura es música, solista de violín en la orquesta sinfónica de su ciudad. Una terrible crisis emocional la deja al borde del suicidio. Quiere abandonar su vida. Dejarlo todo. Volver a empezar. Un día renuncia a su actual vida, al trabajo, a las relaciones, comienza a vender su vida, sus objetos personales, su carro, su casa, sus pertenencias. Quiere acabar con todo para volver a empezar.

El tiempo transcurre de forma desigual, con saltos extraños y treguas insoportables, pero a pesar de ello, pasa. Es allí cuando hablamos del destino, cuando el tiempo pasa. Cuando el tiempo avanza y no podemos más que verlo pasar.

La historia nace desde la observación. Para mí es como un grito sobre la libertad. Sobre el triunfo diario de la vida. Lo que intento es reflexionar sobre la vida sencilla. Sobre las fases humanas que dejan aprender y crear alternativas. Sobre todo sobre la cotidianidad de la vida simple. No todos somos héroes. No todos somos los destacados. No todos somos los triunfadores. Esta historia va de los que no desean tanto. Por eso estos cinco personajes tan distintos, tan lejanos el uno del otro, pero sufriendo experiencias relacionadas con la soledad, la pérdida, en busca del nuevo chance, de la nueva oportunidad. Aprendiendo a no arrepentirse y darle la vuelta a aquello que los hace amargarse.

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El Piña es un boxeador que pudo ser campeón del mundo pero nunca lo logró y vive amargado con esa idea de lo que perdió. Ahora, tal vez muy tarde por su edad, se entrena para intentarlo una vez más. Igual que Daniela que en llenar tableros de Sudoku, cree encontrar la forma de llegar a un destino que sueña, pero que no logra alcanzar nunca. Una empresa de aseo. Un trabajo con las basuras. El primer golpe con la realidad será desde lo más bajo. Pero Jesús se ha entrenado en observar el mundo y entiende que es un trabajo como cualquier otro. Que tan sólo debe hacer lo que alguien debe hacer. Será el protagonista de su propia vida, desde un escenario perfecto: la ciudad, por ello una bicicleta, para poder atravesarla. Sin embargo Jesús guarda una nostalgia y al re descubrirla seguro su vida cambiará. Es volver al pasado.

Estas personas, estas vidas, buscan encontrar una razón, una caparazón de fe. Una llave personal que los haga entrar en razón. “La pena que no se olvida carcome”.

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La película expresa un punto de vista sobre la incapacidad que la gente tiene para vivir. El director de Cine Jhon Casavettes dice: “La función del cine es ilustrar y aclarar nuestras emociones e ideas. Estamos muriéndonos de tristeza. Hay que hacer hincapié en las cualidades indomables de la gente, no en el derrotismo”.

La gente le tiene miedo a lo que tiene adentro, y en realidad es el único lugar en el que hallarán lo que necesitan. El tiempo y el destino. De eso va mi película. Del intangible de los deseos.

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